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Las mujeres no son peores negociadoras

Pablo Restrepo

22/9/2025

Tiempo de lectura: 5 minutos
La verdadera razón por la que los resultados de negociación difieren por género

Hace algunos años, un momento tranquilo con mi hija cambió mi forma de pensar sobre la negociación. Tenía cinco años. Se acercó y me dijo: “Papá, me gustaría [algo], pero está bien si no se puede”.

Esa frase pequeña cargaba un mensaje enorme. No era solo la voz de una niña. Era el eco de siglos de condicionamiento social. Si esa cautela puede aparecer tan temprano, debe estar afectando a millones de mujeres todos los días, especialmente cuando negocian.

Debemos enfrentar un mito dañino: que las mujeres son simplemente peores negociando que los hombres. No lo son. La diferencia en los resultados surge de cómo se las trata cuando negocian, no de lo bien que negocian.

Ideas clave

  • Las brechas de género en negociación provienen de normas sociales, no de falta de capacidad.

  • Las mujeres reciben castigo por conductas que son aplaudidas en los hombres .

  • Una preparación sólida y una estrategia clara neutralizan sesgos.

  • Las organizaciones deben arreglar sistemas rotos, no “arreglar” a las mujeres.

  • Criar hijas asertivas empieza por cambiar las expectativas de los adultos.

A qué se enfrentan las mujeres

El problema no es la habilidad. Es el contexto. Estos son seis obstáculos estructurales frecuentes.

1. Condicionamiento temprano

Desde la infancia, a las niñas se les premia por ser educadas, silenciosas y colaborativas. A los niños se les anima a hablar. Esa diferencia sutil se acumula. Ya de adultas, muchas mujeres dudan antes de negociar. No porque no puedan, sino porque aprendieron a no hacerlo.

2. Miedo a la reacción adversa

Cuando una mujer negocia con firmeza, corre el riesgo de ser vista como agresiva o problemática. No es paranoia, está ampliamente documentado. La misma conducta que en un hombre se juzga como “liderazgo fuerte” en una mujer suele etiquetarse como “mandona”. Esta reacción penaliza la asertividad en lugar de reconocerla.

3. Subestimarse

Muchas mujeres infravaloran su aporte, lo que se traduce en ofertas iniciales más bajas y menos contraofertas. Con el tiempo, estas diferencias se acumulan y alimentan la brecha salarial de género.

4. Doble rasero emocional

El control emocional es crucial en negociación. Sin embargo, a las mujeres se las juzga con mayor dureza si parecen enojadas o frustradas, incluso cuando su conducta es idéntica a la de colegas hombres.

5. Sesgo de competencia

Con frecuencia se cuestiona más la competencia de las mujeres. Esto aparece como interrupciones, desdén o la necesidad de “demostrarlo” una y otra vez. Es un sesgo silencioso que erosiona la percepción de valor.

6. La doble atadura

Se espera que las mujeres sean lo bastante firmes para ser eficaces, pero lo bastante cálidas para evitar rechazo. Caminar esa cuerda floja consume energía que los hombres a menudo no deben gastar.

Qué funciona: tácticas que mejoran los resultados

Estos desafíos son reales, pero no permanentes. Las mujeres logran excelentes acuerdos usando enfoques que aprovechan sus fortalezas y anticipan el sesgo.

Prepárate como una profesional

Conoce tu valor, las referencias del mercado y tus objetivos. La preparación reduce la ansiedad y aumenta el poder de negociación. Nunca entres sin claridad sobre lo que vales.

Enmarca la negociación como un proceso de colaboración

La gente responde mejor a la solución de problemas que al enfrentamiento. Presenta tu solicitud como un esfuerzo conjunto para encontrar la mejor opción para todos.

Lenguaje asertivo y respetuoso

Di: “Quisiera explorar un ajuste acorde con mi rol”, no “Perdón, tal vez podríamos…”. Evita los atenuantes. Expresa tus necesidades con claridad.

Negocia por otras personas como puente

Si abogar por ti misma se siente riesgoso, empieza representando a tu equipo, a un cliente o a un objetivo común. Desarrolla habilidad y, muchas veces, obtendrás mejores resultados.

Practica escenarios

Haz juegos de rol con una persona de confianza. Ganarás seguridad y te prepararás para la resistencia, los disparadores emocionales o reacciones sesgadas.

Elige bien tus palabras

Sustituye “creo” por “considero” o “recomiendo”. Evita disculparte por pedir. El silencio no es un vacío que haya que llenar. Expón tu punto y espera la respuesta.

Prepárate para escuchar un “no”

El rechazo es parte del proceso. Ten listas preguntas como: “¿Qué tendría que ocurrir para que esto sea posible?” o “¿Con qué restricciones estamos trabajando?”. Mantienen la conversación abierta.

Activa tu red

Usa mentores y pares para obtener datos de referencia, retroalimentación y apoyo emocional. Una red sólida impulsa la confianza y los resultados.

Convierte la inteligencia emocional en ventaja

La empatía, la curiosidad y la escucha activa no son “blandas”. Son herramientas estratégicas. Construyen confianza y desbloquean soluciones de beneficio mutuo.

Lo que deben hacer las organizaciones

No es solo un reto individual. Es un problema sistémico.

Cambios organizacionales imprescindibles

  • Hacer transparentes las bandas salariales y los criterios de promoción.

  • Rastrear resultados de negociación por género para detectar patrones.

  • Capacitar a managers para reconocer y corregir sesgos en tiempo real.

  • Fomentar la negociación en todos los niveles y roles.

No actuar implica perder talento femenino y también acuerdos más inteligentes, culturas más inclusivas y mejores canteras de liderazgo.

Lo que enseñamos a nuestras hijas

La petición tímida de mi hija fue una llamada de atención. No porque le faltara confianza, sino porque entendí lo temprano que el mundo enseña a las niñas a esperar menos.

Podemos cambiarlo.

Educa hijas valientes. Diles que pedir no es descortés. Muestra que negociar no es una batalla, es una habilidad. Recuérdales con claridad: mereces pedir lo que vales.

Cierre

Las mujeres no obtienen peores resultados por falta de pericia. Están jugando en un terreno diseñado para otra persona. Cambia las reglas y cambiarán los resultados.

Dejemos de preguntar si las mujeres pueden negociar. Empecemos a preguntar por qué seguimos castigándolas cuando lo hacen.